Quilapayún
Quilapayún es una de las expresiones más comprometida y política de la música en Chile, con un significativo trabajo concentrado en los años ‘60 y ‘70. El grupo fue el mayor emblema de la
Nueva Canción Chilena, el más identificado con el gobierno de la Unidad Popular; y su repertorio, el que mejor representó, antes y después del golpe militar, a la izquierda política del país.
Tres estudiantes universitarios fueron el eje fundador del grupo: Julio Numhauser y los hermanos Julio y Eduardo Carrasco. El nombre del grupo, significa en lengua mapuche ‘tres barbas’ y buscaba representar la fuerza que querían transmitir. Su sonido se nutrió de la recopilación del trabajo de los grupos de proyección folclórica y de la incorporación de instrumentos latinoamericanos. Víctor Jara los ayudaba como director de teatro y desarrolló una cuidada puesta en escena, y terminó por configurar el sonido que distinguió a Quilapayún, con su marcado trabajo vocal. Además, le entregó al conjunto algunas composiciones (“Somos pájaros libres”, “Gira, gira, girasol”, “El soldado”). Entre sus colaboraciones más significativas fue la puesta en escena del tema “Plegaria a un labrador”, con el que participó en 1968 del Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, en el Estadio Chile. El tema obtuvo el Primer Lugar (compartido con “La chilenera”, de Richard Rojas) y se convirtió en un clásico del cancionero de la época.
En 1969 gravan la Cantata Santa María de Iquique, la primera obra conceptual del conjunto. Le siguieron las obras Vivir como él (1971), de Frank Fernández (un homenaje a un guerrillero vietnamita) y La fragua (1973), historia de la lucha de clases escrita por . Pero éste fue sólo uno de los vértices del trabajo de Quilapayún en los años ‘70, porque su actividad durante el gobierno de la Unidad Popular fue excepcionalmente intensa. El grupo creó una escuela de “quilapayunes” para jóvenes que se multiplicarón por todo el país.
En agosto de 1973 emprendieron una gira por Francia que no tuvo regreso. Mientras daban una entrevista en una radio en París, se enteraron de la llegada de los militares chilenos al poder. Fue el inicio de un exilio que se prolongó hasta fines de los años ‘80. En ese período la banda evolucionó en su música y sus convicciones.
Instalados en París, Quilapayún inició una serie de presentaciones en conciertos de solidaridad con la situación en Chile, y se convirtió en Europa en un símbolo de la resistencia. El pueblo unido jamás será vencido (1975), que incluye el himno del mismo nombre escrito por , fue su primer disco en el exilio, y mantuvo los códigos líricos y musicales que el grupo desarrollaba en Chile.
Quilapayún realizará múltiples giras por Latinoamérica y visitará Chile multiples veces y en 1997 regresaron para realizar presentaciones en varios escenarios y montar nuevamente la Cantata de Santa María de Iquique. Matizado con “quince canciones esenciales” seleccionadas por el conjunto, el espectáculo se ofreció primero ante unas 15 mil personas en la abandonada salitrera de Santa Laura, y luego en otras tres ciudades a lo largo del país, incluyendo dos noches de lleno en el capitalino Teatro Monumental.

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